About

Desde el año 2007, la Oficina Informal trabaja como un estudio independiente de arquitectura ubicado en Bogotá. Afrontamos la diversidad como una investigación de fondo, que nos permite direccionar nuestra acción creativa. Entendemos diversidad como un parámetro extendido (biológico, cultural, político, material) que define la variedad interna de un sistema/comunidad.

Favorecer la interacción entre actores sociales, su visibilidad; tener una capacidad mediadora entre diversas formas de vida, ensayar ensamblajes de distinta naturaleza o políticas innovadoras de participación social; a eso quisiéramos referirnos. La diversidad como hilo conductor, el material común con el que trabajar. Asumirla siempre con asombro es una regla básica. Propender por esquemas en los que la diversidad pueda permanecer sin simplificaciones ni hegemonías.

Buscamos trabajar siempre con lo que hay –un proceso de ida y vuelta, confrontando lo que hacemos con la realidad–, insertarnos en problemas que no son de arquitectos, que no son disciplinares exclusivamente sino comunes y compartidos. Intervenir lo cotidiano con la energía de lo más próximo y accesible, ese es nuestro proyecto.

La cantidad de información avala la intervención, la forma como reconstruimos una idea de realidad. Por eso no hacemos un esfuerzo exclusivo en visualizar un objeto arquitectónico sino por determinar cuáles son los procesos implicados en su construcción. Esto es tan importante como el proyecto mismo. Nos gusta trabajar con herramientas que dejan de ser formas de representación y sirven para explicar relaciones, para reconocer fenómenos.

Escapamos a la especialización, nos interesa ser lo más amplios posible. La inestabilidad del medio nos ha permitido trabajar en distintas escalas, programas y formatos. Sin embargo, nos gusta pensar que estos proyectos tienen cierta unidad, que están entrelazados de una forma menos figurativa; que buscan mantener un diálogo disciplinar más amplio, sintonizarse con la vida de hoy, las expresiones de nuestro tiempo: basta con pensar lo mucho que puede cambiar, en uno o dos años, nuestro modo de relación y producción. Creemos que de esta forma nuestra manera de proceder gana complejidad y simetría con la realidad.

Nos identificamos con quienes consideran que la arquitectura es un proceso de investigación, de relación, de prueba y error; no un acto de creación en sí mismo (aunque conocemos muchos que la asumen así y lo hacen muy bien). Buscamos y encontramos. Entendemos la forma como el resultado de una ecuación más estratégica que plástica, que trabaja con variables muy simples de flexibilidad, intercambio, sistematización, etc.

Pero reconocemos que estas condiciones son más un medio que un fin. Nos interesa que nuestros objetos estén equipados para hacer visibles sus procesos constructivos, para poder transformarse con la interacción del día a día, o para trabajar con los recursos disponibles, cuanto más diversos mejor.

Hemos asumido el papel de constructores en algunos de nuestros proyectos. Lo entendemos como una forma de reconocer el medio, de mantenernos optimistas frente al mercado (o menos pesimistas) y como una oportunidad de probar sistemas asimilables por las tecnologías locales, manteniendo algún grado de experimentación.

Esta acción constructiva nos ha permitido absorber conclusiones en nuestros criterios creativos. Tienen que ver con protocolos de comunicación simplificada con los usuarios, con minimización del impacto ecológico, con aprender a pensar las restricciones –las restricciones como un dato más al que pertenecen todas esas situaciones difíciles de compatibilizar y que, desde luego, parecen obvias en un marco de escasez como el nuestro–.

 

 

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