El adoquín es un bloque de piedra labrado grotescamente, normalmente de un tamaño que permite manejarlo con una sólo mano, que se utiliza para pavimentar calles y otros suelos.

El adoquín existe desde hace 25 siglos y fue la primera mejora que se le dio a las calzadas de tierra. Ya los romanos y cartagineses comenzaron a adoquinar muchas de sus vías principales para hacerlas más duraderas frente a las inclemencias meteorológicas y reducir el tiempo que los carruajes tardaban en recorrerlas al poder alcanzar velocidades superiores gracias a la uniformidad del nuevo pavimento. Por su durabilidad los adoquines suelen ser de granito, aunque también es posible encontrarlos en otros tipos de piedra, hormigón e incluso en madera.

Los adoquines se disponen sobre una capa de asiento, que suele ser de hormigón o grava, para posteriormente ser apisonadas con el fin de asentar su posición y emparejar sus alturas. Por último las juntas se rellenan con arena o mortero.

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