Finca Güell

Arquitecto
Año de Construcción
1883-1887
Ubicación
Barcelona, España

Introducción

Eusebi Cüell heredó de su padre extensas propiedades en las colinas de la periferia barcelonesa, una zona conocida entonces como Les Corts de Sarria. En ellas, el arquitecto Joan Martorell i Montells construyó una amplia residencia de estilo indiano, un homenaje a las tierras que enriquecieron a la familia Cüell antes de volver a sus raíces: Cuba y la República Dominicana.

Eusebi Cüell adquirió otros terrenos que rodeaban su ya extensa propiedad. Tenía la intención de redistribuir los jardines, en aquel momento de estilo francés, y erigir nuevas construcciones, en particular una casa para el guarda de la propiedad y unas caballerizas con picadero.

El proyecto fue confiado a Gaudí, quien, en 1883, introdujo en ese parque románticamente reorganizado numerosas plantas mediterráneas —pinos, eucaliptos, magnolias, cipreses y palmas—, así como dos fuentes y una pérgola. Más adelante, la mayor parte de la propiedad y la casa indiana fueron cedidas por el hijo de Eusebi a la Corona Española, que las convirtió en su residencia oficial en Barcelona, ahora conocida como Palacio de Pedralbes —con un ala dedicada al prestigioso Museo Municipal de Cerámica. La actual Finca Güell comprende un parque, en el que se halla una de las dos fuentes, y una pérgola con un ejemplo de arco de catenaria.

Espacios

Ante el parque y dentro del perímetro de la propiedad, se hallan dos edificios construidos por Gaudí llamados Pabellones de la Finca Güell, que corresponden a la casa del guarda y a las caballerizas con un picadero, unidos por una entrada para peatones y otra para carruajes. Además, la propiedad sigue protegida por el muro original de ladrillo con aberturas secundarias, que avanza a lo largo de dos calles: la avenida de Pedralbes y la calle George R. Collins.

La casa del Guarda

A la izquierda, mirando a la residencia, se halla la vivienda del guarda, compuesta de tres volúmenes.

El central tiene base poligonal y alberga una gran sala con cúpula hiperbólica, construida siguiendo la técnica tradicional catalana. Junto a él se hallan dos edificios cúbicos de dimensiones más modestas, en cuya planta baja se encuentran unas salas cubiertas de pequeñas bóvedas situadas entre las vigas.
En la primera planta se disponen unas habitaciones con techo abovedado de sección hiperbólica. Dicha sección permite desarrollar, en los puntos centrales de la bóveda, chimeneas de ventilación, revestidas exteriormente con cerámica de colores.

La casa del guarda sigue un esquema planimétrico en ele de lados idénticos. En los puntos de unión de los tres volúmenes existen espacios destinados a las entradas y las escaleras.

Resulta de gran interés la mezcla que consigue Gaudí entre los elementos estático-estructurales y la variedad de ornamentos de la superficie. Gaudí confía a la arcilla cruda, un material de bajo coste y de buena capacidad térmica, el papel de muro de contención. En cambio, utiliza los ladrillos macizos, de colores que abarcan desde el rojo al amarillo, para colocarlos en las esquinas y en las zonas de las paredes más expuestas a esfuerzos carga. Además, los deja vistos y los une entre sí con capas de argamasa a las que engarza fragmentos de cristal de colores.
Por el contrario, cubrió las superficies de arcilla cruda con bloques prefabricados de cemento, que presentan ondulaciones semicirculares y relieves en forma de pequeñas esferas. La coronación de las paredes exteriores de la casa se realizó con ladrillos macizos de arcilla muy roja, dispuestos como un alegre encaje gradualmente prominente.

Con esta decoración a base de materiales pobres, Gaudí obtuvo una superficie de cierre del edificio de buena resistencia térmica, con evocaciones explícitas al arte mudejar que consiguen un efecto de policromía muy vivo bajo la luz.

Las Caballerizas

A la derecha, mirando a la fachada, se hallan las caballerizas precedidas de la entrada principal y la de servicio, que terminan en un picadero de planta cuadrada cubierta con una cúpula con linterna.

Este segundo edificio también es una obra de mampostería mixta como la casa del guarda, realizada por albañiles expresamente venidos de la provincia de Lleida. Las caballerizas, hoy convertidas en la biblioteca de la Real Cátedra Gaudí, forman un local de planta rectangular, con una secuencia de arcos transversales en el techo. Estos últimos están unidos entre sí con pequeñas bóvedas parabólicas que permiten abrir amplias ventanas en dos largas paredes.

La puerta de entrada

Puerta en hierro forjado

La Finca Güell es muy conocida por la extraordinaria cancela de hierro forjado de la entrada para carruajes.

La puerta peatonal consiste en una cancela en arco parabólico, subrayado por la forma idéntica del muro de ladrillo que lo delimita apoyada en un elevado zócalo de piedra. Gaudí realizó una obra maestra escultórica de hierro forjado, el material más familiar para él, y, al igual que gran parte de sus trabajos en hierro, lo realizó en el taller del forjador Joan Oñós.

El dragón y el árbol de manzanas doradas que coronan la columna donde se ancla la cancela convierten los Pabellones de la Finca Güell en una sugerente metáfora arquitectónica del mito griego de Heracles y el robo de las manzanas de oro en el jardín de las Hespérides.

Este mito aparece narrado en el poema épico L’Atlántída, escrito por Mosén Jacint Verdaguer, poeta amigo de Güell y Gaudí. El poema, dedicado al marqués de Comillas, de quien el sacerdote fue guía espiritual, es una loa a los orígenes mitológicos y al grandioso porvenir del pueblo catalán.

Planos

Fotos

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