High Line 23

Arquitecto
Arquitecto asociado
Marc Rosenbaum Architects
Ingeniero estructural
Desimone Consulting Engineers
Decorador
Thomas Juul-Hansen
Año de Construcción
2009
Área del terreno
353 m2
Área construida
3642 m2

Introducción

Desde el anuncio de su reconstrucción el High Line Park de Nueva York se ha convertido en un icono de la ciudad, un parque lineal único diseñado por el estudio de Diller Scofidio + Renfro que es ya un referente para los urbanistas y diseñadores de exteriores de todo el mundo.

Inevitablemente la reapertura del High Line como parque público ha creado un nuevo tipo de relaciones entre el espacio público (parque) y el espacio privado de las viviendas que se asoman sobre él. Para los edificios preexistentes poco queda que hacer más que instalar unas buenas cortinas, pero para los edificios de nueva construcción adyacentes al parque esta relación supone un nuevo e interesante reto.

En el cruce entre el parque y la calle 23 encontramos uno de los primeros edificios que ha tenido que enfrentarse a este reto, se trata del High Line 23, un edificio de viviendas de 14 pisos de altura diseñado por el estudio de Neil Denari.

Las singulares formas del edificio son indiscutiblemente la reacción a las circunstancias únicas de su ubicación y las expectativas del cliente.

Situación

El proyecto se sitúa en el popular barrio de Chelsea, sobre el lado oeste de la isla de Manhattan, concretamente en el cruce de la calle 23 con el High Line Park.

El solar tiene unas dimensiones en planta de 12×30 metros.

Concepto

El concepto del edificio nace de dos consideraciones básicas; la necesidad de ampliar una dimensión relativamente reducida en planta del solar y proporcionar a las viviendas con la privacidad necesaria sin convertirlas en un “bunker” en el proceso.

La solución al problema de la superficie en planta es sin duda lo que ha terminado por convertirse en seña identificativa del proyecto. El edificio nace estrecho en su base para posteriormente ir ensanchándose a base de voladizos sobre la calle 23 y el High Line. Esta decisión conceptualmente tan simple hizo que la estructura de un edificio medianamente bajo se convirtiese en todo un desafío para los ingenieros y que tanto los muros cortina como los sistemas de cortinado tuviesen que ser adaptados para discurrir con un alto grado de inclinación durante muchos de sus tramos.

Para dar solución al tema de la privacidad el edificio cuenta con tres fachadas conceptualmente distintas (la cuarta corresponde a la medianera con el edificio vecino). Una fachada “trasera” de vidrio ofrece vistas hacia el norte. La fachada principal de vidrio sobre la calles 23 ofrece vistas hacia el sur a su vez que se pliega en varios puntos para acomodar los voladizos de los pisos superiores, convirtiéndola en una pieza escultórica que suele acompañar a las zonas de día y ocio de las viviendas. Y por último la fachada este sobre el High Line, con un tratamiento totalmente distinto y mucho más opaco. La fachada este está formada por un aplacado metálico y cuenta con pocas aperturas de tamaño reducido para garantizar la privacidad de las viviendas.

La fachada este, con su llamativo acabado metálico y sus llamativas curvas, ha resultado ser una solución muy satisfactoria al problema de la privacidad sin por ello convertirse en un testero para el High Line, desde donde se percibe como una pieza escultórica que enfatiza el carácter moderno y urbano del parque.

LEED

El edificio cuenta además con la certificación LEED Gold de sostenibilidad.

Para lograrla los esfuerzos ecológicos del proyecto comenzaron ya desde el proceso de construcción, ya que parte de la estructura se realizó con materiales reciclados y hasta un 75% de los desechos de la construcción fueron reutilizados para evitar que terminasen en los vertederos.

Todos los pisos cuentan con ventilación natural, pueden ser iluminados con luz natural durante la mayor parte del día, cuentan con electrodomésticos de última generación y máximo ahorro, etc. El techo recubierto de un material altamente reflectante también ayuda a mantener la temperatura interior del edificio constante, tanto en verano como en invierno, minimizando la necesidad de utilizar la climatización artificial.

Espacios y Materiales

El edificio consta de espacio comercial para galerías en planta baja y 11 apartamentos de ahí en adelante, a razón de uno por planta salvo por el ático que es un dúplex. Los apartamentos varían desde los 170 a los 335 metros cuadrados del ático que salió a la venta por 10,5 millones de dólares.

El estudio del interiorista Juul-Hansen fue el encargado de decorar y equipar los espacios interiores del edificio, prestando atención a los más mínimos detalles, desde un nivel práctico hasta consideraciones más conceptuales.

Se intentó mantener los espacios lo más diáfanos posible como referencia a los espacios abiertos de las galerías de arte que abundan en la zona y pensando en que los propios propietarios pudieses convertir sus viviendas en una suerte de galerías privadas, exponiendo algunas de sus esculturas como parte de la decoración de la vivienda. Los suelos fueron terminados con anchas tablas de roble teñido de blanco y acabado mate.

La iluminación también fue cuidadosamente considerada para proporcionar los niveles de iluminación necesarios en cada espacio a su vez que se evita intencionalmente cualquier reflejo sobre las fachadas de cristal, en particular las inclinadas. Tal y como dijo el propio Lawson “nadie quiere verse reflejado en esas ventanas cuando intenta contemplar una vista de 5 millones de dólares”.

A parte de estas consideraciones que se repiten en todas las unidades el piso de muestra se convirtió prácticamente en un muestrario de muebles de diseño. En el podemos encontrar lámparas diseñadas por Philip Johnson, sofás de Vladimir Kagan o mesas de George Nakashima entre otros.

Estructura

La estructura de un edificio de 14 plantas no suele ser noticia, y mucho menos en Nueva York. Sin embargo la del High Line 23 lo es.

El hecho de querer conservar la estructura de acero vista para no generar paredes innecesarias ni desperdiciar espacio, junto con la peculiar geometría de una estructura que actúa a la inversa de lo habitual (estrecha en su base y amplía a medida que crece en altura) para generar los voladizos de los pisos superiores, hace que las diagonales de acero que se ven a través de las fachadas se hayan convertido en una más de las señas identificativas de un proyecto tan singular como es el High Line 23.

Planos

Fotos

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